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| Fecha: Miercoles, 26 Julio 2006 |
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| Nunca pense que iba a hacer realidad mi fantasia con Olga, una deliciosa mujer |
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Aunque yo deseaba profundamente a Olga, nunca creí que me pudiera pasar esto, la verdad es que siempre me daba temor hablarle de temas íntimos, a pesar de que ella nunca esquivaba mi presencia, sino que por el contrario le gustaba que yo le hablara, que caminara junto a ella en las calles o que la llevara en mi vehículo hasta su casa. Yo buscaba cualquier pretexto para tener con ella una conversación a solas. A veces me pongo a pensar que fue lo que me sucedió cuando convertí a Olga como mi fantasía sexual. Recuerden que ella y yo éramos casados. Esto que les voy a platicar me ocurrió después de 8 años de matrimonio, precisamente cuando por una circunstancia especial Olga y yo debíamos encontrarnos diariamente. Pero lo cierto es que la fantasía que siempre tuve de repente estaba a mi alcance, así fue como sucedió. Nos veíamos día tras día y mi deseo aumentaba. Olga era mi fantasía sexual. De ella me llamó siempre la atención su personalidad, como muy llamativa, no sé, tenía una especie de imán que me hacía voltear a verla, tenía un cabello muy brillante y bien arreglado, unos grandes y carnosos labios que resguardaban una hermosa sonrisa. Pero lo que más me excitaba de Olga eran sus senos. Vestía con blusas generalmente blancas y de seda y se dejaba ver la redondez de esos dos provocativos melones. Me encantaba saludarla con un beso en la mejilla, mientras mi mano rozaba la cinta trasera de su brasier. En una de tantas ocasiones, cuando íbamos camino a nuestras casas y lo hacíamos en mi vehículo, Olga me preguntó si yo tenía algo que hacer el fin de semana y la pregunta me dejo sorprendido, pues no sabia porque la hacía. Éramos casados, y eso dificultaba todo. Sin embargo, ella me encantaba y su pregunta aumentó mi excitación. Sería una feliz coincidencia, pero la verdad es que yo estaría solo, adelantando un trabajo de la oficina. Así le respondí y Olga me dijo que lo que sucedía era que su esposo y sus hijos se irían de pesca y que ella no tenía la menor intención de acompañarlos y me dijo que si podíamos ocupar al menos una hora de ese fin de semana para ayudarla a redactar un escrito que debía presentar en la entidad en la que trabajaba. Inmediatamente le dije que si y ella me lo agradeció, diciéndome al tiempo que yo era una persona en la que ella confiaba ciegamente. Fue así como acordamos que el sábado en la mañana la recogería en su oficina. Estaba esperando afuera de su oficina cuando la vi dirigirse hacia mi coche y no lo podía creer. Se veía hermosa, iba con una minifalda blanca cortísima, una blusa tipo top escotada. Se veía muy rebelde y muy sexy, Olga, sin duda, tenía un cuerpo espectacular, alguna vez me había contado que se había ido de vacaciones así que tenía un tono de piel bronceado que hacía resaltar aún más su adorable sonrisa. Les confieso que siendo Olga mi fantasía sexual, yo no podía creer lo que me estaba pasando, yo tenía la esperanza de que las circunstancias me permitieran tener un contacto íntimo con ella, aunque no podía estar seguro. Ya pueden imaginarse la vista de sus piernas cuando subió al automóvil. Que delicia de muslos. La blusa dejaba ver, como siempre, lo exquisito de sus senos. Le dije que antes de ponernos a trabajar, fuéramos a tomar algo o a desayunar y efectivamente entramos a un restaurante cercano y muy discreto, en donde estuvimos un largo rato platicando de mil cosas. Ella me habló de su vida personal con una confianza que no me podía creer, me habló de los problemas que tenia con su marido. Esto último me hizo entender el por qué de su alegría al estar sola y eso me llenaba todo. Mientras seguía avanzando la charla, yo no podía quitar mi vista de sus senos, eran enormes! Esto era un sueño hecho realidad. Su escote dejaba ver lo que me esperaba si todo marchaba bien. Se le notaba a leguas. Su forma extrovertida, su deslumbrante personalidad, su forma de vestir y su impresionante cuerpo, estaban llamando poderosamente la atención de los pocos concurrentes en el restaurante. Yo no sabía como proceder, parecía que había "química" entre nosotros. En un momento dado y después de dos copas de vino de cada uno, ella se excusó para ir al tocador de damas. Cuando regresó, nos quedamos viendo y no lo pude evitar por mas tiempo y nos besamos apasionadamente. La forma en la que me correspondió me indicó claramente que ella esta dispuesta a compartir conmigo algo más. Ese beso duró tanto que no me importó que el mesero y los demás comensales nos estuvieran viendo cuando yo ya había deslizado mis dedos por encima de su escote sintiendo sus deliciosos y enormes senos. Olga no dijo nada así que me adentré dentro de su brassiere hasta que logré tener entre mis dedos a sus muy duros pezones. Todo esto en el restaurante. Pronto con mi otra mano comencé a acariciar sus piernas que se sentían suaves, subí por dentro de su corta falda y no dijo nada solo emitió unos gemidos que no dejaban lugar a dudas, estaba tan excitada como yo. Ya sin pudor alguno le pedí que fuéramos a algún otro lado, ella me confesó no estar segura de hacer lo correcto debido a nuestra situación de casados, pero le pedí que me diera la oportunidad de estar con ella, que lo necesitaba ansioso y que dejáramos pasar las cosas hasta ver a donde podrían llegar, y sin insistir mucho aceptó. Cuando íbamos camino al parqueadero, no podía dejar de pensar en lo afortunado que era y en lo que me estaba pasando. Iba a ser infiel en forma. Era una relación que había trabajado, a la que le había dedicado tiempo, en la que tenía muchas ilusiones puestas, si esto no era infidelidad no se que otra cosa podría ser. Ya en el auto, no besamos como locos y acordamos ir a un hotel cercano, el poco tiempo que estuvimos en el auto fue suficiente para volver a tener sus senos entre mis manos, inclusive pude verlos al desabotonar un poco su blusa hasta tener al descubierto uno de sus deliciosos y carnosos pezones, ella por su parte ya había estado masajeando mi verga y yo no podía más. Sus piernas muy cerca de mí ya estaban totalmente a mi vista y cuando tenía una mano libre, lo primero que hacía era deslizarse hacia ellas y más arriba. Olga, en esos instantes, abría sus piernas, yo sabía que ella quería que yo la tocara mas. Cuando finalmente y de manera muy precavida entramos en un hotel muy sencillo, ya estábamos a mil los dos y cuando llegamos al cuarto, fueron escasos segundos los que duraron nuestras ropas puestas. Ella fue la primera en estar desnuda, yo no podía aguantar más el hecho de ver a Olga así, tan cerca de mí, tan entregada, tan complaciente, por un lado dudé porque no quería quitarle su ropa interior ya que se veía tan impresionante vestida así con esa ropa tan sexy, pero en mi beneficio fue que decidí pedirle que se dejara su brasier, era la prenda que a mi me alborotaba la libido cada vez que la miraba y cuando finalmente liberé sus senos, me volví loco. Hacía mucho que no estaba con una mujer que disfrutara tanto placer al sentir sus senos masajeados. Cada vez que llevaba mis labios a ellos Olga gemía riquísimo, se veía que en realidad le gustaba. Pensé en que suerte de mujer, teniendo esos senos, y disfrutar tanto con ellos. Esta maravilla que estaba en mis brazos, me demostraba con hechos que estaba disfrutando al máximo. Cuando Olga estaba ya totalmente desnuda así que no era muy caballeroso de mi parte el permanecer vestido. Ella me ayudó un poco, no sabía como quitar la corbata de un hombre, pero por lo demás hizo un buen trabajo. Yo estaba ya totalmente arrecho, cuando mi verga quedó al descubierto no sé si le impresionó o no, no voy a poner como en muchas historias que he leído que mide treinta centímetros y que es ancha como una botella, creo que es bastante normal, sólo que muy limpia y bien formada, pero Olga la tomó con cariño y la acarició como si en ello se le fuera la vida. Estuvimos acariciándonos un rato, no sé cuánto pero era delicioso. Posiblemente les sea difícil de creer, pero a mi edad nunca había tenido sexo oral satisfactorio en mi vida. Las mujeres que habían estado a mi lado o eran tan mojigatas o tan poco apetecibles que nunca había podido hacer que una de ellas me diera una mamada que me llevara totalmente al clímax. Ahí tenía yo a Olga, mi diosa sensual, definitivamente tenía que ser un sueño. Nos abrazamos de nuevo, nos besamos, y volví a sus senos, ahora le pedí que me ayudara, que los chupara conmigo, al principio no le gustó la idea. No se si lo había hecho antes pero después se veía que lo disfrutaba. Tal vez porque al mismo tiempo nos besábamos e intercambiábamos lenguas. Olga me decía que nunca, en tantos años de matrimonio, había gozado tanto del sexo. Por fin le metí toda mi verga, era delicioso tan caliente, al principio poco a poco después más fuerte, quería oírla gritar, hacer ruidos, era para mi importante sentirla viva en mis brazos. Olga no me pidió detenerme ni nada parecido, aceptó todo lo que le hice. Cambiamos de posición una y otra vez, de repente tenía sus piernas en mis hombros y veía como sus deliciosos senos se apretaban contra ella, como sus ojos dejaban ver claramente que disfrutaba. No lo habíamos pensado, pero no me había puesto condón. Un poco tarde nos dimos cuenta pero ya no podíamos parar. Lo más que pude hacer fue que cuando finalmente alcanzamos el orgasmo juntos, me salí de ella y mandé chorros de semen por todo su cuerpo, algunos cayeron en sus senos. Fue una explosión, fue delicioso, la forma en la que se movía, como hacía para proporcionarse más placer, sin miedo a disfrutar, sin ningún remordimiento ni prejuicio, sólo gozando del momento tanto como yo, sólo usándome tanto como yo a ella. No nos quedamos a deber nada. Encendí un cigarrillo y platicamos, le dije lo mucho que había disfrutado y lo muy agradecido que estaba. Entre plática y plática la excitación volvió. Ahora ella se apoderó con su boca de mi verga y gocé de verdad con eso, nunca dijo, qué asco o me preguntó si eso ya era suficiente, no nada parecido. Al contrario disfrutaba con mi verga en su boca, hasta el fondo, luego mis bolas como si fueran de helado, aunque en realidad estaban hirviendo, eso si era el colmo, A¡me estaba comiendo la verga!. Se notaba que estaba ansiosa por hacerme gozar, ahora me tocaba a mí y ella estaba a cargo de eso. Después de un rato de estarme aguantando me tocó de nuevo mi turno y me entró la curiosidad de si podría hacer realidad mi mayor fantasía la de comérmela por el culo, le pedí permiso pero me pidió que lo hiciéramos en otro momento, que no le gustaba mucho la idea. Ahora con un poco más de conciencia decidí ponerme un condón, e hicimos el amor por un largo rato más hasta que finalmente Olga se vino de nuevo, disfruté muchísimo y ahora si pudimos terminar juntos en una venida fantástica. Después de esto descansamos un poco, nos aseamos lo suficiente, nos vestimos y salimos del hotel en mi carro.
Ultim actualizacion el Jueves, 17 Agosto 2006 por admin
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