Primero os diré que estas cosas pueden pasar sin que nos demos cuenta a todos nosotros. Sin casi pensarlo ni saber como pasan, pero pasan. Soy una mujer que vive desde hace un año y medio con un hombre con dos hijos de 17 y 21 años. Yo tengo 38, y según dicen me conservo bien. Nunca he sido una adicta al sexo, aunque mi exmarido me enseño mucho, y disfrutaba de todas las maneras posibles. Fuí seducida por mujeres y por más de un hombre con consentimiento de mi pareja en aquel momento, y pensaba que jamás me lo pasaría tan bien después de cortar mi vida conyugal con él. Me equivocaba, pero no como lo había imaginado. Os cuento. Mi actual pareja, Andrés, pasa algunos días fuera de casa debido a su trabajo. Me quedaba con sus hijos y Carmen, una chica que me ayuda dos días en las tareas domésticas. Es una dominicana de 19 años, pequeña de estatura pero ancha de caderas y con un cuerpo muy sensual. La verdad es que algunas veces me sentía muy atraída por ella, pero nunca me había decidido a dar el primer paso para una relación, sin duda, y despuiés de algunos años sin disfrutarlo, muy placentera para mí. Una noche se quedó en casa a dormir; lo hacía algunas veces cuando Andrés está fuera y aprovechaba para una limpieza a fondo. Pues bien, esa noche y después de quedarnos viendo en la tele una película de terror, mis dos hijastros, Carmen y yo nos fuimos a dormir. En la madrugada, Carmen tocó a mi puerta despertándome con un sobresalto, con una cara de miedo y rogándome quedarse en mi cuarto. No podía conciliar el sueño después de la película. Medio en serio medio en broma, la invité a la cama, abrazándose acto seguido a mí temblando. La acogí como una hija, pero en ese momento, un escalofrío de placer recorrió mi cuerpo. No sé si se dió cuenta, pero mis pezones se irguieron como dos puntales, y se juntaron todos los sentimientos que había albergado durante los últimos meses. Carmen en un principio se tranquilizó, pero al notar que mis manos empezaban a deslizarse por sus caderas de una manera poco fraternal, encendió la luz y se sentó en la cama extrañada. Mis palabras fueron escuetas, un lo siento, suave y sin ánimo de disculpa, porque acto seguido y casi sin oposición me acerqué a su boca y le dí un beso. Me quedé de piedra cuando sus manos apretaron mi pecho y se de deslizaron debajo de mi camisón, buscando mis duros pezones. Su boca me lamió mis labios, y no pude más que sobarle ese culo tan sensual. Las manos se nos iban a las dos de manera frenética, explorando todos los rincones escondidos. En un abrir y cerrar de ojos, estábamos desnudas, mordiéndonos los pechos y chupándonos los pezones con pasión y deseo, gimiendo y babeando de placer. Sus pechos cabían en mis manos como hechas para ellos, notando sus abultados pezones que me pusieron a cien. Con suavidad y firmeza, pechizqué esos hermosos bultitos, y la correspondencia fué inmediata. Sus dedos apretaron con fuerza una de mis pezones, pero lejos de sentir dolor, un temblor recorrió mi cuerpo, y un deseo intenso recorrió mi cuerpo. Deseo de comérmela toda, pedazito a pedazito, con lujuria desbordada. La tumbé y me avalancé a su mojada vagina, sorbiéndola y mordiendo su clítoris con avaricia. No tardó en correrse, y sus jugos chorreaban por mi barbilla. Con la respiración entrecortada me dió un sonoro beso, y su lengua la noté por mi cara, chupándome todo lo que había salido de su cuerpo. Con unas manos acostumbradas, me masturbó con verdadera pericia, apretándome una teta y chupándome el otro pezón. Hacía mucho tiempo que no me corría tan largamente, pues Andrés aunque apasionado, no tenía la experiencia suficiente como para sentirme sexualmente completa. Repetimos las caricias Carmen y yo, hasta quedar exaustas, y quedamos abrazadas toda la noche en un sueño placentero. Los días transcurrieron sin ninguna pregunta y con miradas complices entre las dos. Andrés llegó, y me encontró alegre y con muchas ganas por mi parte de abrazarle y de quererle. Al poco de volver a partir,una mañana cuando los hijos de Andrés se fueron a clase la locura vino a visitarme en forma de sobre con mi nombre debajo de mi almohada. Una cinta de video se encontraba dentro. "Para tí, mamá". Sorprendida y extrañada no tardé en ponerla dentro del reproductor. Allí me encontraba yo, jadeándo de placer con Carmen entre mis muslos. Al final, un texto que decía: "estás muy guapa cuando te la chupan, puta de mierda. Si no quieres que se entere papá, prepárate para esta noche. No queremos ser menos que esa guarrilla dominicana." No podeis imaginar como se queda una. Los muy cabrones filmaron toda mi maravillosa aventura con Carmen, y ahora estaba atrapada. Lo que pasó después, no tardaré a contarlo. Hasta muy pronto.
(relato de jota-jota)
Los comentarios estan habilitados solo para usuarios registrados, puedes registrarte haciendo click aquí