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Fecha: Domingo, 29 Junio 2008 « Anterior | Siguiente » en Orgias

De tres a cinco

Anonimo
Accesos: 6348
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Pagina 1 de 1
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Elena invito a un amigo suyo a nuestras juergas. La fiesta continuo en el piso... acabo en el baño, para mi suerte

Elena no es ni guapa ni fea. No sabría decir sus medidas exactas, pero esta bien, muy bien de cuerpo. Iba a mi clase, y alguna que otra vez nos habíamos liado. Besos, caricias, nada más. No quería que hiciéramos nada más, nunca decía porqué.
Aquel fin de semana vino un amigo suyo del pueblo. La chica le había hablado de nuestras juergas, y quería participar.
Nuestras juergas empezaban a las seis de la tarde y acababan las seis de la mañana. De las seis a las once estábamos de cañas. De once a tres de botellón, y de tres a seis de pubs en pubs.
Su amigo, nosotros y todos nuestros amigos nos lo pasamos genial. Bebimos y reímos sin parar aquella tarde-noche. Y a las once estábamos ya todos más que borrachos, y eso que el botellón ni había empezado.
Sobre la una y media, el amigo y Elena, agarrados del brazo, se acercaron a mí.
-Hola...jejejeje -dijo Elena completamente borracha, con los ojos cerrados y una sonrisa entre picara e hilarante.
-Esta fatal -comenzó diciendo el amigo-. Me la llevo a casa, quiere que vengas.
-Si, ven... jejejeje -me hacia mucha gracia su risa.
-Vamos.
-¡Bien!
Elena se soltó de su amigo, alzó los brazos, y perdió el equilibrio. La cogí por los hombros, su amigo por la cintura. Todo sin dejar de reírse.
-Si que esta mal -dije mirando al amigo.
El amigo hizo una mueca afirmativa, y a continuación:
-A mí me falta poco para estar como ella. Así que...
La cogí del brazo izquierdo, él del derecho, y tras despedirnos de nuestros amigos nos fuimos. Por el camino Elena nos contaba historias incongruentes de su niñez. Estaba muy divertida, y bastante sexy, demasiado. Vestía una ajustadísima camisa azul que marcaba de maravilla sus pechos, y su liso vientre. Igual de ajustado era su pantalón, su redondeado trasero, sus bragas, también azules, asomaban por el... ¡Era una diosa!

Al entrar en el piso de Elena el amigo tropezó con algo, y la chica con los ojos cerrados y una leve voz....
-¡Ssssh! ¡Silencio! ¡Que Lidia -su compañera de piso- tiene un examen mañana y debe descansar!
Llevamos a la chica a su habitación, la echamos en su cama, y al momento se durmió.
El amigo y yo nos sentamos en los sofás del comedor, y estuvimos hablando hasta que nos venció el sueño.

Me desperté, miré el reloj, las tres y seis, miré al amigo y... ¡¡Joder!!
Elena estaba metida entre sus piernas dándole una mamada espectacular. El pene del amigo, embadurnado de saliva, desaparecía dentro de su boquita, y aparecía a los pocos segundos. Las chupadas era rápidas, violentas, excitantes. Se la tragaba toda, su nariz rozaba con el vientre, su barbilla con los huevos peludos. Se la sacaba, se aplicaba al glande, hacia círculos con su lengua sobre la raja, la oprimía con la lengua, como intentando metérsela por ese orificio tan diminuto. La cara de mi amiga era de puro vicio, la del amigo de placer absoluto.
Me sentí fuera de lugar y decidí irme. Me levante lentamente, y lentamente camine hasta la puerta, evitaba hacer ruido.
-Eh, que se va -dijo entre jadeos el amigo.
Los mire, ellos me miraban. Elena se levanto y se me acerco. Le escurría semen por los bordes de los labios. Me acaricio la mejilla con la mano llena de su saliva, de los jugos de su amigo. Con la otra sujeto mi cuello, y lentamente acerco mi cara a sus labios. Me beso salvajemente, su lengua se adentro en mi boca en busca de la mía. El sabor me impresiono. Un sabor tirando a salado, el sabor de la polla de su amigo, de su semen. Aquello me excito increíblemente, mi pene empezó a reaccionar.
Su cuerpo se refregaba contra el mío. Mis manos sobaban su culo, las suyas el mío. Sin separar nuestros labios nos sentamos en el suelo. Empecé a manosearla los pechos dulcemente, ella hizo lo mismo con mi paquete. Se separó, me miro fijamente, se paso la lengua por los labios mientras estos dibujaban una picara sonrisa.
-¡Que caliente me ha puesto esa lengua tuya! ¡Prepárate!
De un solo tirón me desabrocho los botones del pantalón, me aparto el slip, cogió mi pene y hundió su boca el. ¡Dios, esa humedad calida me volvió loco! ¡Su lengua no se estaba quieta!
Me miro, y sin sacarse el pene de la boca:
-¡Joder, que rica esta!
El amigo nos miraba desde el sofá, deslizando lentamente la mano sobre su erecto miembro. Elena seguía dándome la mejor mamada que se pueda dar. Mi mano metida dentro de sus braguitas azules intentaba masturbarla, tenía completamente encharcado su coño, sus bragas, su pantalón.
-Me he acostado con muchos chicos, con José -el amigo-, muchas veces -decía Elena mientras su lengua recorría la longitud de mi pene-. Estoy aburrida de follar solo con uno. Por eso no hemos follado todavía. No quería aburrirme contigo.
No salía de mi asombro, no me salían las palabras de la boca. Solo supe que besarla. Ella lo agradeció, y enseguida volvió a lustrarme el pene con su deliciosa saliva.
-¿Te gusta?
-¡Eres una experta! ¡La chupas de puta madre!
-¡Pues disfrútalo, te la mamare hasta que te corras! ¡Así durarás más luego, cuando me penetres todos mis orificios!
-Tardo mucho en correrme.
-No te creo. Los tíos os corréis rápidamente.
-Ya...
Elena siguió, y siguió manándome la polla durante unos quince minutos, y yo seguía sin correrme, aunque fuera tan deliciosa esa lengua, esa boca suya.
Su amigo dejo de cascársela -quizás por el cansancio de esperar-, y se acerco a Elena. Empezó a besarla el cuello, la espalda, la sobaba sus tetas con violencia. Le quito la camisa, el sostén. Fue bajando con su lengua hasta el final de su espalda. Desabrocho los botones del pantalón, y con la ayuda de la propia Elena, se los quito. Elena estaba preciosa, solamente vestida con sus braguitas azules. Su amigo se lamió la palma de la mano, aparto a un lado la prenda intima y la refregó bien fuerte el coño.
-¡Que mojada estas, puta!
Se agarro su polla bien dura y se la incrusto violentamente. Elena se vino contra mi y me raspo el pene con sus dientes inferiores. Elena se giro como para decirle algo pero las sacudidas de su amigo eran tan fuertes que no pudo. Los gemidos invadieron su garganta. La cogí la cara con mis manos y la bese apasionadamente. El amigo detuvo sus sacudidas y se puso rígido. El cabrón se había corrido dentro de su vagina. Saco su ya flácido pene, y se dejo caer al suelo. Estaba empapado en sudor, y jadeaba fuertemente.
Yo seguía besando la hermosa boquita de Elena. Con la mano busque mis pantalones, mi cartera, saque uno de los tres condones que llevaba siempre.
-No hace falta -comento dulcemente Elena separándose de mi boca unos milímetros-. Si quieres...
La bese de nuevo, la cogí por la cintura y la tumbe en el suelo. Me puse el condón, mire a Elena. Se mordía el labio inferior -¡preciosa!-, su cuerpo sudado -¡excitante!-, su coño enrojecido rezumando el semen de su amigo -¡...!-.
Le quite su ya inservible braguita, me eche encima de ella, roce mi pene en su coñito unas cuantas veces, la penetre lentamente mientras la besaba. Entro hasta el fondo fácilmente. La corrida de su amigo ayudaba.
-¡Fóllame, por favor! ¡No puedo más! ¡Necesito correrme ya! ¡Por favor!
Empecé a metérsela rápidamente frotando su clítoris con mis dedos. Elena comenzó a gemir fuertemente. Tan fuerte que creía que iba a perder el conocimiento. Se me vino a la mente su amiga, la que tenía un examen. Ya no la importaba despertarla, no la importaba nada más que conseguir su orgasmo.
Elena se alzo, me abrazo, empezó a correrse abundantemente, sus jugos empaparan mis huevos ya de por si mojados.
Se la saque lentamente, estaba medio desmayada. La tendí en el suelo, me dirigí a su coñito depilado, y realmente mojado. Empecé a comérmele, succione su labios, masturbe su clítoris con mi lengua. La chica jadeaba de nuevo, pero a muy bajo volumen. No le salía la voz. Seguí así hasta que volvió a correrse. Me tragué sus deliciosos flujos hasta dejarla sequita.
Me eche a su lado, la bese dulcemente.
-Dame unos minutos, que me recuperé -pidió Elena con hilo de voz apenas audible-. Todavía no te has corrido, ¿verdad?
-No te preocupes por eso.
Mire el reloj, las cuatro y seis. Mire a su amigo, dormía en el suelo.
A los cinco minutos Elena cogió mi mano, me llevo a uno de los sofás. Cogí otro de mis condones. Me sentó, me la pajeo rápidamente hasta que mi pene volvió a tener todo su esplendor. Me puso el condón y se sentó encima de mi. Volvió a entrar fácilmente. Cuando noto que sus nalgas tocaban mis huevos empezó a cabalgarme. ¡Dios, que maravilla! ¡Elena era una puta diosa del sexo!
De pronto, Elena cayo sobre mí. El cabrón de su amigo se había despertado, y se la estaba metiendo por el culo. Elena, apoyo su frente en mi hombro, me mordía el pecho hasta doler. Debía de estar haciéndole bastante daño. ¡Que cabrón el amigo!
Cuando se la metió todita, empezó a follársela como anteriormente, con una violencia significante. Los pechos de Elena me golpeaban en la cara, se los sujete y empecé a mamárselos, ella empezó a gemir y a moverse un poco. Al momento se desplomo sobre mí. Había vuelto a correrse. Le siguió su amigo, tras unas movimientos extraños. Se la saco de golpe, se escucho el ¡Plop! El semen empezó a caerme en los huevos, en las piernas. El amigo lo vio, me miro, se río y se echo en el otro sofá. ¡Otra vez a dormir!
Elena no podía más. No se movía. Entre el alcohol y la follada estaba agotada.
Saque mi pene de su interior, no me había corrido todavía, me dolían los huevos. Estaba visto que no había nada más que hacer. Así que cogí a Elena en brazos, la lleve al servicio. La limpie como pude, su cuerpo estaba lleno de semen, de sudor, de sus propios jugos.
-¿Esta bien?
La compañera de piso de Elena estaba en la puerta del servicio mirándonos. Era realmente preciosa. Elena a su lado perdía bastantes puntos. Y más con el ajustado pijama de Hello Kitty que vestía.
-Si, solo esta agotada. Siento que te hallamos despertado.
-Si, bueno... ¡Ya estoy acostumbrada! ¡Es un poco guarrilla! Vamos, que te ayudo.
Juntos la llevamos a su habitación, la pusimos el pijama, la echamos en la cama y la arropamos hasta el cuello.
-¿Te pasa algo? -me pregunto Lidia saliendo de la habitación.
-¿Eh? ¿Por qué? -dije extrañado mientras nos dirigíamos a la puerta del piso.
-Pones caras raras. Como si te doliera algo.
-Si, bueno, si, me duele algo...
-Lo polla, ¿no? Después de esa follada...
Como la tía no se cortaba, yo tampoco, estaba muy cansado, y con un dolor terrible.
-Si, pero por no correrme -llegamos a la puerta.
-Elena estaba llena de semen.
-Semen de su amigo. Cada vez que estaba a punto de venirme, venía el cabrón a cortarme.
-¡Jajajaja! ¡Es verdad! -que sonrisa tan encantadora- ¡Que cabrón!
-¿Con qué nos has visto?
-Si, lo siento -por unos segundos se ruborizo.
-No pasa nada -agarre el pomo de la puerta-. Me voy ya.
-¿A cascartela?-pregunto maliciosamente.
-¡Bingo! -conteste sonriendo.
-¿Si quieres, yo puedo...? -sorprendido deje de sonreír.
-No quisiera que tuvieras problemas con...
Elena siempre me contaba lo cachonda que le ponía el novio de su compañera de piso. Siempre me miraba seriamente y decía: ¡Juro que un día me comeré ese bizcochito musculado!
-No se lo diré -soltó la amiga-. Viéndoos me he puesto muy cachonda. Me he masturbado y todo. Además, solo te pajeare, nada más.
Me miro sonriendo de una manera tan sexual, que la cogí de la mano y la metí en el cuarto baño, que estaba cerca de la puerta.
Cerré la puerta, y eche el cerrojo.
-Por si se despiertan.
Me sonrió, se agacho, me desabrocho el pantalón, me lo bajo junto con los calzoncillos. Mi polla morcillona y enrojecida quedo junto a su cara. Me volvió a mirar y volvió su bella sonrisa. La cogió suavemente pero firmemente. Empezó a pajearme lentamente, mi pene se alzo enseguida. Lo hacía realmente bien, se lo dije, se rió, y su mano libre se hundió dentro de su pantaloncito. Empezó a pajearse lentamente, empezó a jadear débilmente. Y de golpe se metió mi polla en la boca.
Empezó a manármela de puta madre. Se la tragaba todita, se tragaba hasta mis huevos. Tras unos diez minutos de las caricias de esa magnifica boca femenina no pude más.
-¡Para que me corro! ¡Sácala!
Se la saco y me dijo:
-¡Hazlo en mi boca!
Y lo hice, no aguante más, la llene la boca de semen. Me lo enseño, jugo un poco con el, y acabo tragándoselo. Volvió a meterse el pene en la boca y me limpio los restos de semen que quedaban. Lo flipe, nadie me había echo tal cosa.
Se levanto, me beso. Se acerco a mi oído, y:
-Esta más rico que el de mi novio.
Me volvió a besar, abrió la puerta del baño, salió. Mire el reloj, eran las cinco y seis.


mushakaka@hotmail.com



Ultim actualizacion el Viernes, 18 Julio 2008 por admin
  
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